Las autoridades penitenciarias de los Estados Unidos han quedado sorprendidas cuando descubrieron que dos internos de una prisión de aquel país se habían tatuado los ojos.
Paul Inman, quien cumple una condena de 73 años por conspiración para cometer asesinato, haber incendiado una propiedad y asalto, se tatuó los ojos de color azul y dijo que aquello era como “la frontera final”, que nadie lo había hecho antes (por lo menos en prisión).
Su compañero de celda, David Boltjes (quien cumle una condena de 4 años por fraude con tarjeta de crédito) se tatuó los ojos en rojo sangre y ninguno de los dos han revelado cómo hicieron para conseguir la tinta de los tatuajes, pero sí mencionaron que fue mediante inyección con una aguja hipodérmica, y que el procedimiento es extremadamente doloroso.
Ambos prisioneros recibirán castigos disciplinarios por haberse tatuado los ojos.
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