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Comienza el año y me hubiera gustado referirme al mensaje presidencial, pero son 157 páginas que resumen una intervención de poco más de 7 horas, en cuyo contenido se pierde el sentido de la memoria y cuenta que se supone era referirse a la gestión de Gobierno durante el año que acaba de fenecer. Menos infortunado no pudo ser el debut de Fernando Soto Rojas como presentador, cuando olvidó el objetivo del mensaje. En cuanto a la oposición, pienso que Chávez se la puso en bandeja de plata cuando les reclamó que en un manifiesto de la MUD lo acusaran de ser el responsable del desborde de la inseguridad. Ante el tono desafiante del jefe de Estado, ninguno de los diputados se atrevió a increparlo. Por cierto, en referencia a este tema de la inseguridad, qué bueno sería si, así cómo en tiempo récord resolvieron el caso de la sede incendiada del INTI en el Zulia, el Cicpc hiciera otro tanto con el homicidio perpetrado en la estudiante de la Ucab, Maylin Valderrama (mis condolencias para sus familiares). Dejando de lado el mensaje, traigo al tapete el tema electoral porque los sondeos no son nada alentadores para el Gobierno. Si las elecciones se realizaran este domingo, Chávez perdería. Esta afirmación no debe gustar en Miraflores, pero la verdad hay que decirla. Hay dos países: uno en el que Chávez se ve ganador, esa Venezuela edificada sobre unas matemáticas laceradas en el frío acondicionado de un despacho presidencial, y la otra, la Venezuela a la que Alí Primera le cantó como el país al que los gobernantes no han ido, la Venezuela sin razón para que exista, esa donde, entre otras cosas, se pierde la vida por un celular. En este último, Chávez es derrotado si las elecciones se celebraran ahora. Si ocurre la debacle revolucionaria no es porque la oposición sea muy faculta, no, va a pasar porque esta gestión no se salva del voto castigo. Se trata de una manifestación legítima de desquite. Entretanto, la rectificación murió al nacer, no hay manera para enderezar entuertos. Salvo un milagro asistiremos a la segunda fase de esta tragicomedia. La oposición está al tanto de que la unidad es su cheque al portador y por ello se prepara para surfear en la ola del descontento. La derrota del Gobierno dejará el camino abierto a una Constituyente y esa tesis la manejan con suficiente aplomo los